Neuroeducación y aprendizaje


¿Qué es la Neuroeducación?

Aprender es un proceso innato e imprescindible para mantener la vida y la continuidad de la especie. Es la necesidad más vieja del mundo: como comer, beber o reproducirse. Al nacer, el primer mecanismo cerebral que se activa es el del aprendizaje, el responsable de la adaptación al medio ambiente y la supervivencia.

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El descubrimiento de la plasticidad cerebral ha supuesto una revolución a nivel científico y educativo. El cerebro tiene la capacidad de cambiarse a sí mismo, de adaptarse como respuesta a sus necesidades y experiencias vitales. El cerebro puede moldearse, generar nuevas conexiones neuronales, reorganizar funciones… es más, incluso si se producen daños en un hemisferio cerebral durante los primeros años de vida, el cerebro tiene la capacidad de remodelarse si le ofrecemos las experiencias adecuadas, traspasando ciertas funciones que normalmente se desarrollan en la parte dañada del cerebro, a otras diferentes. Estas nuevas áreas pueden aprender y desarrollar esas habilidades.


Esta visión de la experiencia en relación con la capacidad cerebral de adaptación y aprendizaje, demuestra aún más la importancia de que padres y educadores se impliquen de manera real en el desarrollo y aprendizaje de los niños.


Hoy en día estamos viviendo un cambio en la perspectiva educativa. Cada vez es más frecuente oír hablar del fracaso del sistema educativo en las escuelas, y en las familias también ha habido una ruptura con los modelos de crianza anteriores, tratando de buscar una mejora cualitativa para desarrollar al máximo las capacidades de nuestros niños.


Partiendo de esta premisa aparece el primer concepto de este curso: la neuropsicología infantil. Así es llamada la ciencia interdisciplinar que estudia las relaciones entre la conducta y el cerebro humanos desde el nacimiento hasta el inicio de la pubertad. De ella se han desprendido la neuropsicología del aprendizaje, la neuropsicología escolar, la neuropedagogía y, como no, la neuroeducación.


Veamos con un poco de profundidad los dos términos más importantes del curso, antes de entrar en materia y comenzar con la práctica. No es necesario memorizar definiciones ni nada similar, pero sí comprender de qué estamos hablando cuando nos referimos al término neuroeducación.


La neuroeducación es una nueva visión de la enseñanza que aprovecha los conocimientos sobre cómo funciona el cerebro integrados con la psicología, la sociología y la medicina para tratar de mejorar el proceso de aprendizaje, sacando el máximo partido a nuestras capacidades.


La neurociencia ya ha demostrado que la emoción y la cognición van unidos. Es un binomio indisoluble, uno no existe sin la presencia del otro. Este diseño, labrado a lo largo de muchos millones de años de proceso evolutivo, nos indica que toda información sensorial, antes de ser procesada por la corteza cerebral en sus áreas de asociación (procesos mentales, cognitivos), pasa por el sistema límbico o cerebro emocional, en donde adquiere un tinte, un colorido emocional. Y es después, en esas áreas de asociación, en donde, en redes neuronales distribuidas, se crean los abstractos, las ideas, los elementos básicos del pensamiento.


Comprendiendo algunos aspectos de neuroeducación, los padres y educadores pueden funcionar como los mejores mentores de los niños, alguien que transmite su saber y experiencia, mientras motiva a su aprendiz y le ayuda a ser la mejor versión de sí mismo.


Afortunadamente, ya hemos asumido que la inteligencia no está unida al cociente intelectual. Al haber profundizado más en el funcionamiento del cerebro, podemos afirmar que el cociente intelectual es una mínima parte del conjunto de inteligencias que ya se han determinado. Hoy sabemos que los niños no sólo pueden tener más de un talento, sino también desarrollar más de uno.


También sabemos que la mayoría de ellos están relacionados con capacidades internas, que son las que permiten gestionar adecuadamente las emociones. Parece increíble, pero desarrollar talentos, nos hace más felices, porque hacemos lo que nos resulta fácil y nos impulsa a automotivarnos y seguir perfeccionando. En general hablamos de las inteligencias definidas por Howard Gardner como: talento lingüístico, musical, naturalístico, físico, lógico-matemático, interpersonal, intrapersonal… pero seguramente hay muchos más que todavía desconocemos, y que aparecen a cualquier edad.


Cualquier padre, madre o educador desea facilitar a sus pequeños el desarrollo de todo su potencial. Ayudarles a percibir sus capacidades naturales les permitirá sentirse satisfechos consigo mismos y ése es el primer paso para el éxito personal y profesional.


En este curso aprenderás acerca del funcionamiento del cerebro infantil, así como las herramientas necesarias para fomentar su correcto desarrollo intelectual y emocional. Tener unos conocimientos básicos acerca del cerebro nos ayudará mucho en nuestra labor como educadores para desarrollar su conducta, sus valores y su personalidad.


Adquirirás los principios teóricos para guiar a tus hijos en su crecimiento y obtendrás las herramientas prácticas que necesitas para acompañarte en esta labor, construyendo una relación afectiva y sana con tu hijo.


Durante este tiempo estaré a tu lado, acompañándote y resolviendo las dudas que te surjan en el camino. Tan solo me queda desearte muchísimo ánimo y darte la bienvenida.

Neuroeducación y aprendizaje


Me gustaría empezar este tema haciéndote un par de preguntas muy simples: ¿Para qué educas? ¿Cómo te gustaría que sea el adulto en el que se convertirá el niño que estás educando hoy? Creo que cada día, afortunadamente, somos más los que respondemos a estas preguntas diciendo que nos gustaría que los niños que estamos educando, el día de mañana se conviertan en adultos felices. Que sean personas realizadas, con una vida que les llene, tanto en el aspecto personal, como en el profesional.


Como hemos señalado anteriormente, nos encontramos inmersos en un cambio de modelo educativo. Creo que no me equivoco al decir que nunca se ha hablado tanto de educación como en la actualidad. Educadores, pedagogos, científicos y demás profesionales, acompañados de los padres, tratamos de encontrar la llave maestra educativa, el secreto para desarrollar al máximo las habilidades de nuestros niños, que es, al fin y al cabo, el objetivo principal de la educación.


En los últimos años, investigadores de todo el mundo comenzaron a preguntarse qué había ocurrido para que saltase la “epidemia del fracaso escolar”. Cuántas veces lo hemos escuchado y cuántas lo hemos repetido… ‘Soy mala en Matemáticas’, ‘la Química (o la Historia, la Lengua o la Literatura…) se me da fatal’. Estas afirmaciones son ideas erróneas que nos inculcan desde muy pequeños y que se quedan como lapas pegadas en nuestro pensamiento. Sin embargo, en realidad, el cerebro tiene una asombrosa plasticidad y, gracias a ella, el ser humano (cualquiera de nosotros) puede superar lo que cree que son sus propios límites.


Hace unos años, cuando apenas se sabía nada de la neuroeducación, a ningún padre se le ocurría transmitir a sus hijos recursos para activar las hormonas del entusiasmo o la motivación y llevar estos aprendizajes a su vida social. Hoy sí. El maravilloso mundo de las neuronas espejo nos ha permitido no solo comprobar que el cerebro está programado para imitar, sino también para activarse positivamente mediante la empatía y el cuidado, y cómo éstos hacen a nuestros niños y adolescentes más felices.


Y hay más: hoy sabemos que la felicidad es contagiosa. Una persona feliz no solo aumenta la felicidad de las personas de su entorno inmediato, sino que esa felicidad es a la vez contagiada y ese bienestar interior, en cualquiera de las dos direcciones, es tremendamente beneficioso para el cerebro y los aprendizajes. Un motivo más para que nuestros hijos sean felices.


La neuroeducación nos ha permitido conocer cómo funciona nuestro cerebro cuando estamos aprendiendo. Nos ha enseñado algo tan importante (a la vez que tan básico) como que para aprender necesitamos estar emocionados, sentir curiosidad, estar MOTIVADOS.


Hoy, sabemos que las principales funciones ejecutivas de nuestro cerebro: concentración, autocontrol y memoria a corto plazo, se rigen desde el lóbulo prefrontal. Y para que las conexiones neuronales de este lóbulo se realicen correctamente, necesitamos recibir un estímulo de la amígdala, núcleo de nuestras emociones. Ella es la encargada de generar la “gasolina” necesaria para que nuestro aprendizaje sea efectivo. Por eso, cuando algo nos gusta, somos capaces de concentrarnos en esa actividad durante más tiempo, eludiendo las distracciones y aprendiendo todo lo necesario. La emoción es el elemento clave del aprendizaje.


En este curso te ofreceré todas las claves para que aprendas a desarrollar la Inteligencia Emocional de tu hijo (o alumnos), para que crezca con una buena autoestima, para que disfrute de su infancia, superando sus miedos, afrontando todos los retos que se le pongan por delante.


También tendrás las herramientas para fomentar su desarrollo intelectual, mejorar su concentración, su memoria, para que disfrute más del aprendizaje y tome mejores decisiones y resuelva problemas de forma eficaz y creativa.


Durante los 6 primeros años de vida, el cerebro de tu hijo tendrá una capacidad de aprendizaje inigualable. Hay un dicho atribuido a la asociación jesuita que reza lo siguiente “Dame los 6 primeros años de vida de un niño y te devolveré al hombre que quieras”. Esta sentencia demuestra claramente que el aprendizaje de la primera infancia es crucial para la formación de nuestra personalidad.